Todos lo hemos notado, de un día para otro las temperaturas han pasado de los 20 a los 30 grados. Aunque ya teníamos ganas de cambio de armario, tardes más largas y noches cálidas, la verdad es que este año la primavera ha brillado por su ausencia y el calor nos ha pillado casi por sorpresa. Basta con salir del trabajo y subirse al coche para darse cuenta de que hay que empezar a darle un mantenimiento al coche para el verano.

Aunque muchos solo piensan en el aire acondicionado del coche en verano, lo cierto es que el calor puede provocar un desgaste importante en otros componentes del coche. El motor trabaja a mayor temperatura, los neumáticos sufren más presión y cosas como la batería o los líquidos necesitan estar en buen estado para evitar averías.

Por eso, antes de que lleguen las semanas más calurosas del año, conviene dedicar algo de tiempo a revisar el coche por calor y asegurarse de que todo funciona correctamente. En este artículo te contamos qué debes revisar del coche por calor para evitar problemas mecánicos, mejorar la seguridad y hacer mucho más cómodos los desplazamientos durante el verano.

La importancia de preparar el coche antes del verano

El coche sufre muchísimo con el calor. Y sí, todos sabemos que dejarlo aparcado al sol termina pasando factura a la carrocería y a la pintura, especialmente si duerme en la calle y no en garaje. Pero el problema va mucho más allá de lo estético.

Las altas temperaturas afectan directamente al funcionamiento de muchos componentes mecánicos. El motor trabaja a temperaturas más elevadas, los líquidos pierden propiedades más rápido y los neumáticos se desgastan antes. Además, en verano solemos hacer más desplazamientos largos: escapadas de fin de semana, vacaciones, viajes a la playa… y eso significa más horas de carretera.

Preparar el coche antes de que llegue el calor fuerte no es solo cuestión de comodidad, también es una forma de prevenir averías.

Cómo afecta el calor al motor, neumáticos y batería

El calor extremo es un enemigo silencioso del coche. Muchas veces no notamos nada hasta que aparece el problema, y suele hacerlo en el peor momento posible, en mitad de un viaje o atrapados en un atasco con 35 grados.

El motor es uno de los elementos que más sufre. Cuando las temperaturas son muy altas, el sistema de refrigeración tiene que trabajar más para evitar el sobrecalentamiento. Si el nivel de refrigerante está bajo o el sistema no funciona correctamente, el motor puede alcanzar temperaturas peligrosas.

Los neumáticos también pueden cambiar su forma con el calor. El aire del interior se expande y la presión aumenta, algo que puede provocar un desgaste irregular o incluso reventones si las ruedas están en mal estado.

Luego está la batería del coche. Mucha gente piensa que las baterías sufren más en invierno, pero el calor intenso también afecta muchísimo. Las altas temperaturas aceleran el desgaste interno y pueden hacer que una batería que parecía estar bien empiece a fallar de repente.

Además, el sol constante deteriora elementos como las escobillas limpiaparabrisas, los plásticos del interior o las gomas de las puertas. Todo suma cuando el coche pasa horas bajo el sol cada día.

Qué revisar en el coche antes de que lleguen las altas temperaturas

Seamos sinceros, cuando llega el calor, el aire acondicionado pasa automáticamente a ser el elemento más importante del coche. Si el aire no enfría, el trayecto se hace eterno.

Y lo peor es que muchos conductores descubren que algo falla justo el primer día de calor fuerte. Enciendes el aire esperando aire fresco y lo único que sale es aire templado con poca fuerza. Obviamente esto es mala señal.

Pero, aunque el aire funcione correctamente, no te confíes, porque hay otros elementos iguales o casi más importantes que debes pararte a revisar.

Preparar el coche antes del verano

Nivel de refrigerante, aceite y líquido de frenos

El refrigerante es probablemente el más importante en la época de verano. Su función es evitar que el motor se caliente demasiado, así que, si el nivel está bajo o el líquido está deteriorado, pueden aparecer problemas serios. Conviene comprobar el depósito y asegurarse de que el nivel está entre las marcas recomendadas.

El aceite también merece atención especial. Con las temperaturas veraniegas, el motor trabaja más y necesita una lubricación perfecta. Si toca cambio de aceite próximamente, quizá sea buena idea adelantarse antes de los viajes de verano.

Lo mismo ocurre con el líquido de frenos. Mucha gente se olvida de él hasta que aparece un problema, pero con el calor intenso y los trayectos largos los frenos pueden alcanzar temperaturas muy altas. Un líquido en mal estado pierde eficacia y eso afecta directamente a la seguridad.

Si notas el pedal raro, demasiado blando o con menos respuesta, toca revisión cuanto antes.

Presión y estado de los neumáticos

Los neumáticos son el único punto de contacto entre el coche y el asfalto, así que llevarlos en buen estado es imprescindible siempre, pero especialmente en verano. Con el calor, la presión aumenta. Por eso conviene revisar el neumático en frío y ajustarlo según las recomendaciones del fabricante. Ni más ni menos.

Circular con presión incorrecta no solo desgasta antes las ruedas, también aumenta el consumo de combustible y empeora la estabilidad del coche. Y en viajes largos o carreteras muy calientes, el riesgo de problemas aumenta muchísimo.

Además de la presión, hay que mirar el dibujo de la rueda. Aunque legalmente el mínimo es 1,6 mm, en realidad es recomendable cambiar los neumáticos antes de llegar a ese límite, especialmente si haces muchos kilómetros.

También es importante revisar si hay grietas, deformaciones o desgaste irregular. A veces un neumático aparentemente normal está ya bastante deteriorado por el sol o por haber pasado demasiado tiempo parado.

Y no hay que olvidarse de la rueda de repuesto o del kit antipinchazos. Mucha gente se acuerda de ellos únicamente cuando ya tiene el problema en mitad de carretera.

Aire acondicionado y sistema de climatización: claves para viajar cómodo

Cuando hablamos de viajar en verano, la comodidad importa mucho más de lo que parece. Pasar horas conduciendo con calor excesivo no solo es desagradable, también aumenta el cansancio y reduce la concentración al volante.

Por eso un sistema de climatización en buen estado no es un lujo, es casi una necesidad.

Mantener una temperatura agradable dentro del coche ayuda a conducir más relajado y seguro. Lo ideal suele estar entre los 21 y 23 grados; tampoco hace falta convertir el coche en un congelador, porque los cambios bruscos de temperatura tampoco son buenos.

Además, usar correctamente el aire puede ayudarte incluso a consumir menos combustible. Mucha gente piensa que bajar las ventanillas siempre es mejor, pero en carretera y a velocidades altas ocurre justo lo contrario.

Otro consejo importante es intentar aparcar en sombra siempre que sea posible. Parece evidente, pero un coche al sol puede superar fácilmente los 50 grados en el interior. Utilizar parasoles también ayuda muchísimo a proteger y reducir la temperatura interior.

Y hablando del interior, el calor extremo deteriora bastante los materiales. Los plásticos se resecan, los asientos sufren y el volante puede convertirse en una sartén.

Al final, preparar el coche para el calor no requiere grandes conocimientos de mecánica. Son pequeños cuidados y revisiones básicas que pueden marcar una enorme diferencia cuando empiezan los viajes, las escapadas y los días de mucho calor.

Porque sí, el verano está genial… siempre que tu coche también esté preparado para soportarlo.

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